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viernes, 4 de septiembre de 2015

Aguri


[de  internet]

“Hace un día radiante, corre una brisa fresca; es la tarde de mayo perfecta para una excursión… Para vestir a Aguri con prendas favorecedoras, atildarla como una mascota adorada y luego subirla a un tren en busca de algún escondite delicioso. Un sitio que tenga un balcón al mar azul, o un balneario con puertas de cristal que dejen ver el follaje tierno del bosque, o un hotel sombrío y retirado del barrio extranjero. Y allí empezará el juego, ese juego encantador que es su sueño permanente, que es su única razón de vivir… Entonces Aguri se estirará como un leopardo. Un leopardo con collar y pendientes. Un leopardo amaestrado, que sabe exactamente lo que tiene que hacer para complacer a su amo, pero cuyos ramalazos ocasionales de ferocidad hacen que su amo se estremezca. Que salta y le araña y le golpea, que se abalanza sobre él y acaba haciéndole pedazos y secándole el tuétano de los huesos… ¡Un juego letal!”



Aguri, de Junichiro Tanizaki -relato de 1922-



jueves, 14 de febrero de 2013

A la tenue luz de una vela


[de  internet]


“Si no estuviesen los objetos de laca en un espacio umbrío, ese mundo de ensueños de incierta claridad que segregan las velas o las lámparas de aceite, ese latido de la noche que son los parpadeos de la llama perderían seguramente buena parte de su fascinación. Los rayos de luz, como delgados hilos de agua que corren sobre las esteras para formar una superficie estancada, son captados uno aquí, otro allá, y luego se propagan, tenues, inciertos y centelleantes, tejiendo sobre la trama de la noche un damasco hecho con dibujos dorados.”



El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki -1933-