domingo, 3 de abril de 2016

Recuerdos que hacen una vida



[Rallye, de Xavier Gosé -ca. 1902-]

“Regresan volando a Oxford por nuevas carreteras. Alice acelera y Tom siente el motor agitándose y vibrando bajo él. Sus ojos se humedecen por el viento como si estuviera llorando, y quizá lo esté, de pura euforia. Mira a Alice. Su cabello oscuro se mueve en una masa sedosa alrededor de la cabeza, en un baile loco y espectacular. Se vuelve hacia él, entre risas. Sus mejillas brillan de color, y tiene la punta de la nariz rosa. Ya ha visto antes este aspecto en su cara, piensa Tom. Recuerda el día en que los dos saltaban caballos blancos, enormes olas lanzadas por el viento hacia la arena de la cala, los dos alocados, con una violenta mezcla de emoción y terror. Y recuerda a Alice animándolo a avanzar, adentrándose más y más en el mar hasta que su niñera, aterrada, le gritó que volviera más cerca de la orilla.
Así que esto es, piensa Tom para sus adentros. Esto es ser joven. Esto es a lo que la gente se refiere cuando hablan de la libertad y la locura de la juventud, con su encanto temerario. Es la embriaguez más pura, volar así sobre suelo irregular, quedándote sin respiración, recorriendo el mundo zumbando, con poder, gracia y peligro.”


Todo lo perdido y encontrado, de Lucy Foley -2015-



miércoles, 23 de marzo de 2016

Del oficio de escribir


“Los novelistas, escribanos incontinentes, disparamos y disparamos palabras sin cesar contra la muerte, como arqueros subidos a las almenas de un castillo en ruinas. Pero el tiempo es un dragón de piel impenetrable que todo lo devora. Nadie se acordará de la mayoría de nosotros dentro de un par de siglos: a todos los efectos será como si no hubiéramos existido. El absoluto olvido de quienes nos precedieron es un pesado manto, es la derrota con la que nacemos y hacia la que nos dirigimos. Es nuestro pecado original.”


[de  internet]

“Con la escritura es lo mismo: a menudo intuyes que al otro lado de la punta de tus dedos está el secreto del universo, una catarata de palabras perfectas, la obra esencial que da sentido a todo. Te encuentras en el umbral mismo de la creación y en tu cabeza se te disparan tramas admirables, novelas inmensas, ballenas grandiosas que sólo te enseñan el relámpago de su lomo mojado, mejor dicho, sólo fragmentos de ese lomo, retazos de esa ballena, pizcas de belleza que te dejan intuir la belleza insoportable del animal entero; pero luego, antes de que hayas tenido tiempo de hacer nada, antes de haber sido capaz de calcular su volumen y su forma, antes de haber podido comprender el sentido de su mirada taladradora, la prodigiosa bestia se sumerge y el mundo queda quieto y sordo y tan vacío.”

[de  internet]


“El oficio literario es de lo más paradójico: es verdad que escribes en primer lugar para ti mismo, para el lector que llevas dentro, o porque no lo puedes remediar, porque eres incapaz de soportar la vida sin entretenerla con fantasías; pero, al mismo tiempo, necesitas de manera indispensable que te lean; y no un solo lector, por muy exquisito e inteligente que éste sea, por mucho que confíes en su criterio, sino más personas, muchas más, a decir verdad muchísimas más, una nutrida horda, porque nuestra hambruna de lectores es una avidez profunda que nunca se sacia, una exigencia sin límites que roza la locura y que siempre me ha parecido de lo más curiosa. A saber de dónde saldrá esa necesidad absoluta que nos convierte a todos los escritores en eternos indigentes de la mirada ajena.”



La loca de la casa, de Rosa Montero -2003-



viernes, 5 de febrero de 2016

Vidas enclavadas


[Escarabajo Volkswagen oculto entre el resto de coleópteros, en el Cleveland Museum of Natural History]

“Pero después hemos tenido otro problema con el escarabajo rojo. Un problema más grande: no quería quedarse dormido. Porque antes de ponerlos en el corcho, Iñes pone a dormir a todos los insectos. Mete un algodón en los botes, con un líquido azul. Y los insectos huelen el líquido y se quedan dormidos. Así es más fácil ponerlos en el corcho. Porque en el corcho se pone con agujas, y si empiezan a moverse cuando Iñes les quiere metes las agujas, es más difícil. Además les hace más daño. Por eso pone Iñes a los insectos a dormir. En los hospitales se hace lo mismo con las personas.

Pero dice Iñes que cuando acabemos el trabajo, vamos a volver a despertar a todos los insectos. Y les vamos a quitar las agujas. Y los vamos a llevar otra vez a los pozos. Pero algunos insectos duermen mucho, porque unas mariposas y unos saltamontes los cogimos hace diez días, o igual hace cuarenta días algunos, y siguen durmiendo todavía, en el corcho. Y eso es muy raro y es dormir mucho. Pero el escarabajo rojo no quiere quedarse dormido. Y eso también es raro, porque los demás insectos se quedan dormidos en cinco minutos con el líquido. Iñes dice que lo vamos a dejar así toda la noche, con el líquido, y que ya veremos mañana y que ya lo pondremos mañana en el corcho. Cinco minutos a veces es mucho tiempo y otras veces bastante poco.”


Vredaman, de Unai Elorriaga -2005-